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sábado, 10 de marzo de 2012

‘John Carter’, crítica. Jamás la Disney rodó algo tan espectacular, y las expectativas son el arma de doble filo


Yo era como Ustedes. Un tipo desconfiado después de los dos últimos intentos de la Disney de montar una franquicia en live-action tales como ‘Prince of Persa’ y ”El Aprendiz de Brujo’ y quedarme a medias o incluso en nada.

Productos puramente palomiteros pero de los queno quedaba poso alguno en la mente del espectador, que ya no sólo pasaba página sino que además evitaba de un segundo visionado, característica la cual hace que un film pase de ser normalito a imprescindible.

Encima ‘John Carter’ se presentaba apriori como la primera película en acción real de la Pixar, habiendo perdido por el camino dicho apelativo y quedando sólo Andrew Stanton, director de ‘Wall-E’ o ‘Buscando a Nemo’. Eso junto a una campaña que no se ha cortado en espectacularidad y que provoca de forma automática en todos un tufo de ‘mucho ruido y pocas nueces’ o los consabidos ‘haters’ instantáneos, hacía que ‘Carter’ estuviera casi más maldita que bendecida antes de su estreno.

No sólo pasa con ‘Carter’, ocurre con casi todos los blockbusters de más de 150 millones que se presentan todos los años.

La diferencia es que este film te quita los prejuicios cuando acaba el metraje. Si alguien la tiñe de aburrida, mal concebida o de efectos especiales mediocres, es que no necesita leer ni esta ni ninguna otra crítica para seguir odiándola, porque ‘Carter’ es todo lo contrario.

Como titular básico diremos que es la película más espectacular jamás rodada por la Disney, y eso no se lo quita ni los posibles fallos que en dos horas y poco evidentemente tiene que tener.

Como cualquier otra que se atreve a tan monumental duración, que lo fácil es hacer algo bastante decente en 90 minutos.

La historia de la adaptación de ‘John Carter’ es tan antigua que de haberse llevado a cabo los primeros planes de rodarla como film de animación estaríamos ante la primera película Disney de la historia, mucho antes que ‘Blancanieves’ en 1937. Tras un conato de producción a cargo de Harry Harryhausen, la Disney se hizo con los derechos en 1980 pasando por sus instalaciones gente como Tom Cruise y directores como Robert Rodriguez y Jon Favreau, el que más cerca estuvo de hacerse con el puesto y que posteriormente confesaría que mucho de su visión de ‘Cowboys & Aliens’ venía de sus ideas para ‘Carter’.

Es lógico que tras 32 años de desarrollo, uno termine pidiendo que la película sea lo más de lo más. Les ha dado tiempo para innovar en tecnología, para que las cumpus hagan maravillas, para que el 3D de empaque al conjunto y para que el guión no tuviera la más mínima laguna, que es el pilar principal sobre el que nos apoyamos para no calificarla de coñazo absoluto.

Ya no valen los millones y el CGI. Si no se funden efectos, historia y fondo a la perfección, el film no pasa el corte:

Para mi, la película pasa el corte y lo supera. Lo que nos ha atrapado de ‘John Carter’:

- Los efectos digitales/visuales. Si por algo hay que ver ‘John Carter’, aunque sólo sea por saber de qué se habla, es por su insuperable apartado de efectos. Ya hemos dicho que estoy es tan evidente como el inexorable paso del tiempo y las mejoras digitales, pero no es lo mismo gastarse 200 millones y que el CGI sea arrollador a gastarse 200 millones y que el CGI sea cautivador, integrado a la perfección en la trama e imprescindible en la historia.

La Disney nunca había apostado por tal cantidad de efectos y tan bien aprovechados. Nada está fuera de su sitio ni se hace alarde sin necesitarlo, lo que consigue que no asistamos a escenas innecesarias y de homenaje ridículo a los millones que se gastan.

- Tas Tarkas y los barsoomianos. Impresionante, el mayor logro del film sin dudarlo. Nos hemos creído que los spots y trailer nos mostraban el principal atractivo del film, consistente en naves espaciales y monos blancos gigantes, pero yo nunca caí en la cuenta que tener durante hora y media a unos tipos verdes que son coprotagonistas por derecho de la historia podía echar todo el esfuerzo de la Disney al tacho.

Y no lo hace, porque gozan de tal carisma que uno al final no tiene la percepción de que son CGI o están pixelados. Provocan ternura (Sola), terror (Tal Hajus) y una presencia inolvidable, como la de Tas Harkas, que le roba las escenas a cualquiera de los otros actores, incluidos al propio Kitsch.

- El orden de la historia. Si cierro los ojos soy capaz de visualizar el prólogo, la parte central y epílogo de la película. El guión de Andrew Stanton y Michael Chabon está impecablemente estructurado, fiel a lo que esperaba de ellos. Se nos presenta a Carter en su forma humana y arrogante durante un inicio algo titubeante, pero que remonta por completo cuando el protagonista pisa Barsoom y termina de forma magnífica con unos veinte minutos en los que no se bajan los brazos y que dan la sorpresa final al espectador.

- La dirección de Andrew Stanton. No le puedo poner muchos ‘peros’ a su gestión, pero el director sabe contener de forma loable tanto derroche visual y de efectos digitales. No se le escapa de las manos una producción que tenía todas las papeletas de convertirse en una demostración de ostentación que no iba a ningún sitio y que sólo se movía por 3D y por monigotes corriendo y luchando.

-La Banda Sonora, grande Michael Giacchino (’Up’) y que encaja como un guante en toda la película, con momentos de auténticos ‘pelos de punta’.

‘John Carter’ al final ha devenido en un film que puede ser ya una de esas películas de aventuras que se disfrutan durante años y años, y que se verá mejor y mejor con cada visionado. Una locura.

Yo iba con pocas expectativas, porque ya me olía un ‘Prince of Persia 2′, pero las sorpresas se dan cuando uno menos lo espera.

Siempre hay que tener en cuenta que algo puede fallar, o estar más desentonado con el resultado final. A uno les parecerá que todo el metraje desentona, la odiarán o lo peor, ni siquiera le darán una oportunidad, peropocas cosas cambiaríamos:

- La relación entre Kitsch y Dejah Thoris. A ‘John Carter’ le ha faltado una entrega más para dejar a la lógica las emociones humanas. Ciertamente la pasión entre Kitsch y Thoris es tan previsible y apresurada como que en 20 minutos pase de odiarse y besarse desesperadamente. Me recordó a ‘Prince of Persia’, curiosamente, puesto que se repite una parte de la estructura del viaje y hallazgo mágico entre ambos protagonistas para desatar el amor para toda la vida.

Les hubiera dado más tiempo o no los hubiera juntado hasta muy final, final….pero no podemos ir en contra de lo que el propio Edgar Rice Burroughs dejó escrito, y gracias a Dios Lynn Collins está espléndida.

- Las ‘movidas’ políticas. Hay un momento, muy corto, pero lo hay, en el que me perdí completamente en la maraña política de Barsoom, con idas y venida entre un gran Cirian Hinds, su princesa y demás cuestiones palaciegas. Eso hace que Carter y Thoris vayan primero a un sitio, luego regresen a otro, luego viajen a otro…en fin, menos desplazamientos interestelares hubieran sido perfectos.

- El villano. Muchos dicen que un film es lo que su villano produce. ‘John Carter’ es lo que Tas Tarkas y Marte produce, pero no su villano. El regente de Zodanga no está fuera de lugar, pero no pasa de ser tan amenazante como su guantelete cósmico, que podría tenerlo cualquiera.Mark Strong como el enigmático Matai sería la auténtica entidad maligna de la historia, pero también resulta algo flojo.

Muy al contrario, los barsoomianos son una plaga al principio, y los monos blancos una pesadilla al final.

El problema es que para arreglarlo hubiéramos necesitado sangre, un ser despiadado y un contenido más adulto..

- ¿Más humor?, no sé, no sabría decir si es necesario porque la película funciona perfectamente con lo que tiene. No es una película de acción con un personaje bajito y secundario que de el toque gracioso al guión. Lo único bajito es el perro, homenaje palmario a la Pixar, y tampoco es que esté ahí todo el tiempo.

‘John Carter’ es divertida, entretenida, espectacular y todo un goce visual en 3D, un 3D por el que merece la pena pagar, tanto por sus paisajes, texturas, como por lo sutil que se integra en toda la película.

No puedo decir que es la perfección del género, porque no existe, pero cumple con lo que le pedimos siempre a este tipo de producción: quedar pegados a la butaca, disfrutar, evadirse durante dos horas, viajar a un Marte asombroso y disfrutar como el niño que ya dejamos olvidado hace años, cuando nuestra mente analítica obsesiva nos cierra las puertas al relax.

¿Los que piensen al contrario’, total, siempre hay dos bandos, es ley de cine.

jueves, 16 de febrero de 2012

‘Star Wars: Episodio I- La Amenaza Fantasma 3D’, crítica: las razones por las que ver (o no ver) el reestreno de los Jedi


Por lo visto si a alguien hay que agradecerle que ‘Star Wars’ regrese a los cines y en formato 3D es a James Cameron y a Robert Zemeckis, que convencieron a George Lucaspara hacer un test de 5 minutos y del que el director quedó enganchado.

No será sólo una. Se prevé que las seis entregas de la saga lleguen en años consecutivos si‘The Phantom Menace‘ funciona decentemente en taquilla…y por ahora ha recaudado 1.1 millones en la medianoche del Jueves.

¿Pero qué razones nos podrían llevar a pagar una entrada carita (más gafas) por ver ‘Star Wars: Episodio I’ en 3D?, las hay a favor:

  1. El fan que hay en ti: El reestreno del ‘Episodio I’ es una cita ineludible para los grandes seguidores de la saga sin importar el resto. Vale que las tenemos en DVD y Blu-ray, pero la pantalla grande sigue siendo el habitat natural de este tipo de producciones, y se disfruta como la primera vez. A saber si se vuelve a dar la oportunidad de ver ‘Star Wars’ en este formato y en una sala de cine.
  2. El origen de Anakin/Darth Vader: En cuanto Qui Gon Jinn y Padme llegan a Tattoine el film cobra la vida que todos esperábamos. Asistir al gérmen de la trilogía con la que hemos crecido (Episodios IV, V y VI) era la asignatura pendiente de Lucas y se presenta de una forma inmejorable: la vida en esclavitud de Anakin, la relación con su madre, la historia sobre su concepción, los midiclorianos y su liberación. No encuentro nada forzado ni sacado de la manga
  3. La conversión en 3D: El ‘Episodio I’ goza de escenas que clamaban a gritos un tratamiento tridimensional. La carrera de vainas, el enfrentamiento entre Jedis y Darth Maul y la batalla final en Naboo son todo un espectáculo que cobra una nueva dimensión en 3D. Es como si en 1999 Lucas ya tuviera en mente este concepto y la conversión se amolda a un guante con el metraje que teníamos. No chirría, no es innecesaria y no decepciona, pero sí, es mejorable, como todo.
  4. El casting: Magnético de principio a fin. Desde un Neeson impecable a Ewan McGregor que se hace con la piel de Obi Wan. Hasta el crío está que se sale, y eso que el pobre Jake Lloyd sólo ha participado en otro film (’Madison’) desde su salida de las ‘galaxias’.
  5. Darth Maul: Uno de los villanos más carismáticos de la saga y a la vez el más desaprovechado de la historia del cine. Un corte a la cintura y Lucas se deshace de un personaje que podría haber brillado hasta ‘La Venganza de los Sith’. En su pensamiento estaba darle dicho protagonismo a Jango Fett en la siguiente entrega, pero no llegó a tener esa oscuridad que sólo tiene un sith. Ahora lo saboreamos a él y su doble espada laser en 3D.

Pero en contra, haberlas haylas:

  1. La decepción de los 16 años: los mismos radicales que amaban la trilogía original y que fueron provisionados de sus espadas láser al estreno de ‘The Phantom Menace’ en 1999 salieron de los cines echando pestes: ¿que han hecho con la saga?, se preguntaban, acusándola de demasiado calmada y poco trepidante. Lo malo de retomar ‘Star Wars’ casi dos décadas después es que las anteriores son eternas.
  2. El primer acto: Con el tiempo y sus tropecientos visionados uno se da cuenta que la primera hora del film es todo un fiasco. Se entra como un elefante en una cacharrería (escena de los Jedis en la nave del Virrey de la Federación de Comercio) y se termina en un planeta de orejones con una nave en forma de mantaraya y escapando de peces gigantes. Los diálogos son de párvulos y el aroma infantiloide echa para atrás.
  3. Jar Jar Binks: A mi no es que me moleste en exceso, pero es tan prescindible que hasta Lucas los desterró (al igual que sus congéneres) a un papel testimonial en las dos entregas posteriores. Nunca sabremos si el rechazo unánime a tan pastoso personaje llevó al director a no intentar de nuevo meter un contrapunto tan gracioso como tocapelotas en una historia que no lo necesitaba.
  4. Escenas nuevas: no las hay, y a falta de revisar la versión de 1999 creo que el Yoda ‘Muppet’ se sustituye por el Yoda’ CGI’ de los Blu-ray, corregidme si me equivoco. Ojo, no pedía tampoco un cameo del Halcón Milenario, pero seguro que Lucas dejó en la sala de montaje algún ‘extra’ que podría haber colado en 3D.
  5. La más floja de la nueva trilogía: Claro, esto es fácil de decir cuando se trata de un reestreno y nos sabemos de memoria lo que ocurre tras el final del ‘Episodio I’. Aún así, uno no puede dejar de pensar que lo que ve en la pantalla es el preludio de ‘El Ataque de los ‘Clones’ y ‘La Venganza de los Sith’, en muy opinión muy por encima tanto en guión como en historia de ‘La Amenaza Fantasma, mucho más cercana a la religión (Jedi) que a la acción. Sabiendo lo que hay por venir, la principal razón por la que pagamos la entrada es la numerada como ‘1′ en el epígrafe ‘a favor’ ( ’El fan que hay en ti’)

Y ahora, a esperar el ‘Episodio II’.

martes, 20 de diciembre de 2011

‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’, crítica. No la mejor de todas, sí la mejor secuela


A mediados de los 90, y tras varios dimes y diretes con el guión, vio por fin la luz “Misión Imposible”, adaptación cinematográfica de la popular serie de televisión de los años 60. El proyecto fue impulsado por su estrella protagonista, Tom Cruise, a través de su recién estrenada productora, Cruise/Wagner Productions, y Paramount Pictures, poseedora de los derechos del serial.
La apuesta del actor, fan confeso de la serie, resultó ganadora, y pese a recibir un (absurdo) Razzie, la película fue un éxito rotundo, convirtiéndose en una de las más taquilleras en la carrera de Cruise y también en la de su director, el irregular Brian De Palma.
A todo éxito le llega su secuela, y con ‘Misión Imposible’ tardó más de lo acostumbrado.
Cuatro años después de la primera entrega llegaría una continuación de la mano de John Woo, todo un especialista en el cine de acción. Woo hizo suya la película a base de espectaculares secuencias de acción, piruetas imposibles, mucha cámara lenta y palomas blancas al vuelo marca de la casa. Un cóctel explosivo tan macarra y delirante que a la mayoría se le indigestó, y aunque para un servidor supusiera un placer culpable (nadie es perfecto), no cabe duda que desentonaba demasiado con la visto en su predecesora.
Seis años más tarde el agente Ethan Hunt se cortaría el pelo de nuevo para dejarse ver en una tercera entrega que serviría de debut para el escritor y productor J.J. Abrams (creador de series como Alias y Perdidos), quién además de sentarse en la silla de director también co-escribiría el guión junto a sus habituales colabores (Alex Kurtzman y Roberto Orci).
El resultado fue una satisfactoria entrega con mucha acción y una escueta trama sustentada en base a un simple macguffin y un romance muy ñoño (con boda in extremis incluida).

Y ésta hubiese sido la última aventura de Hunt en pantalla si no fuese porque Paramount y Abrams decidieron darle continuidad al FMI en una nueva Misión Imposible.
Acusado de atentado terrorista con bombas contra el Kremlin, el agente del FMI Ethan Hunt se ve desautorizado junto con el resto de la organización al iniciarse el “Protocolo Fantasma” dictado por el Presidente. Sin poder contar con recursos ni apoyo, Ethan se verá obligado a formar equipo con otros compañeros del FMI fugitivos con tal de restaurar el honor de su organización e impedir un nuevo ataque.
Lo que nació como un reinicio de la franquicia en busca de caras nuevas ha pasado a ser otra entrega más para lucimiento casi exclusivo de Tom Cruise. Y es que al fin y al cabo, Misión Imposible es Ethan Hunt, y guste más o guste menos, Ethan Hunt es Tom Cruise. No hay más vuelta de hoja.
Por tanto, Hunt/Cruise es quién vuelve a llevar la voz cantante en esta nueva misión en la que los agentes del FMI deben llevar a cabo su empresa a espaldas del gobierno y sin ayuda de la agencia. El objetivo: detener a Kurt Hendricks, un sociópata obsesionado con destruir el mundo con misiles nucleares.
Aunque Ethan Hunt siga siendo el líder del equipo, hay que indicar que en esta ocasión la implicación y actuación del resto de miembros que lo componen es mucho más activa y significativa que en anteriores entregas. Hunt es quién manda, pero la ayuda de sus nuevos compañeros resulta indispensable para el éxito de la misión. Digamos que el protagonismo está más repartido y los personajes secundarios mejor definidos.
Ahí está por ejemplo Jane Carter (Paula Patton), una agente con mucha experiencia y una mujer de armas tomar en busca de venganza, o Benji Dunn (Simon Pegg), el experto informático que ya hizo su breve aparición en MI3 y que aquí se encuentra ascendido a agente de campo.
Su intervención resulta de vital importancia para llevar a cabo los planes trazados, y siendo Pegg el actor que encarna al mago técnico del equipo, no es de extrañar que el peso del humor recaiga sobre él.
Y es que esta entrega es, sin lugar a dudas, la más desenfadada y divertida de todas, pues acumula, a lo largo del metraje, frecuentes golpes cómicos que por momentos bordean lo autoparódico (esos gadgets que se estropean en el momento más inoportuno, ese mensaje que no se autodestruye correctamente…).
De las cuatro. con un villano megalómano con delirios de grandeza cuyo pérfido plan de reiniciar el mundo a base de destruirlo con bombas nucleares le haría merecedor de enfrentarse al mismísimo agente 007 (aunque como malo maloso que es, carezca de base secreta y ejército de mercenarios).
Probablemente su tono más ligero y jocoso (diría que en línea de “Noche y día”, también de Cruise) sea el que nos permita ser más permisivos de la cuenta, pues si alguien creía que la entrega dirigida por Woo era fantasiosa, debo advertirle que ésta tampoco se queda corta.
Muchas de las escenas de acción rayan o sobrepasan lo imposible, haciendo así honor al título de la franquicia. Secuencias de escasa credibilidad que damos por válidas porque ya conocemos a Hunt y sabemos de sobra que no hay dificultad que se le resista ni accidente que acabe con él.
Hunt tiene siete vidas como un gato, si no más; se puede lanzar de una cornisa o tirar de un coche en marcha sin apenas sufrir más que unos “indoloros” rasguños. Esto ha sido así desde la primera entrega y no vamos a cambiarlo ahora. Se puede hacer más o menos creíble dentro de la ficción de la propia saga, pero “lo imposible” debe estar siempre presente, sino no sería “Misión Imposible” (valga la redundancia).
Y ahí es donde Cruise demuestra que a sus casi cincuenta tacos aún es capaz de correr y saltar como uno de treinta (recordemos que empezó la franquicia hace quince años). Quizás no luzca las abdominales de antaño, pero su buena condición física aún le permite rodar las escenas de acción con soltura y asumir algunas de ellas sin necesidad de recurrir a un especialista.
Y ya sabemos que ese tipo de escenas suelen ser las que tienen a Hunt colgando de un cable; una especie de hazaña recurrente en cada capítulo de la saga y que obviamente aquí no podía faltar
Así pues, vemos al actor escalando el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo que se encuentra en Dubai, ciudad en la que transcurre parte de la trama. Precisamente este tramo es uno de los más potentes de la película, si bien se alarga en exceso y eso perjudica un poco el ritmo de la película. Y no es que uno se aburra, cosa que no ocurre en ningún momento, pero sí se tiene la sensación de que se hace un tanto larga (y de hecho, lo es)
De todos modos, su arranque es de nivel (con unos créditos iniciales cuidados) y ofrece el espectáculo palomitero que se le pide sin que uno se pare a pensar mucho en sí la historia que nos está contando es buena o no (es más, si lo piensas, puede que no disfrutes tanto). El guión es bastante básico, y viene a ejercer de soporte para las distintas secuencias “imposibles” que nos irán llevando de un escenario a otro y que nos irán embaucando para que disfrutemos de un par de horas sentaditos en la butaca de una sala de cine.
A fin de cuentas, esto es lo que ha venido siendo la saga a partir de su segunda entrega, desde que la intriga y el suspense que imprimió De Palma quedaran relegados a un segundo plano en beneficio de la acción. Y esto se puede hacer mejor o peor, y no hay duda que Brad Bird (El gigante de hierro, Los increíbles, Ratatouille) lo ha hecho bien.
El director se ha estrenado en la acción real ofreciendo un entretenimiento ligero pero atractivo, y que desde el guión mantiene la continuidad con su predecesora, pues por algo Abrams es quién produce. Eso sí, Bird sabe rodar sin marear la cámara, algo que la vista del espectador agradecerá (basta ya de tener que llevarse la cajita de Biodramina para ir a ver cine de acción).
En mi opinión, no es la mejor entrega de todas, pues ese puesto lo sigue ocupando la primera “Misión Imposible”, un thriller de espías ejemplar (dentro de su vertiente más comercial), pero puede que sí sea la mejor secuela hasta el momento.
La película también deja la puerta abierta a más entregas con Cruise a la cabeza. Pero en caso de que el actor no se preste a ello (cosa que dudo), siempre puede sustituirle Jeremy Renner, quién inicialmente se consideró como su relevo y que ha terminado ejerciendo un rol secundario.
¿Podría ser ésta su carta de presentación? Quizás. Lo cierto es que, con tal de no eclipsar a la estrella protagonista, aquí es uno más del equipo. Un buen equipo, todo sea dicho, y que puede funcionar muy bien de cara a más continuaciones. Además, Renner ya sustituye a Matt Damon en Bourne, por lo que ya cuenta con otro espía con el que agenciarse una franquicia taquillera para él solito.

Vía Póster | elseptimoarte.net

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte-Parte I’, crítica: se prepara lo gordo…, y nos tenemos que aguantar con un aperitivo justito



‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte’ produce la misma sensación que la primera mitad del libro que se adapta: mucho prolegómeno, pocos fuegos artificiales los justos y un calentamiento excesivo al fin de fiestas…, que lamentablemente nos costará otros 18 pesos .

¿Dónde nos quedamos hace un par de años?. Pues con la muerte de Dumbledore y la revelación de Voldemort al mundo mágico.

Es mejor echar un vistazo a ‘Harry Potter y el Misterio del Príncipe’ porque aquí no hay ‘previously’. Apenas se hace mención alguna a lo ocurrido en su predecesora, y uno tiene que hacer esfuerzos mentales para situarse con todos los detalles: dónde acabaron unos y otros, qué pasó con Hogwarts, sus profesores, etc…

Ahora Harry, Herminoe y Ron van a vivir su propia aventura, fuera del recinto escolar y asediados por los mortífagos y cazarecompensas, que lo buscan para entregárselo a Voldemort, arropado ahora por los Malfoy, Bellatrix y Severus Snape. Los tres amigos deberán correr contra el tiempo para destruir los horrocruxes que faltan mientras Voldemort tiene sus propios planes.

Lo más curioso de ‘Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte’ es que está hecha básicamente para los grandes, muy grandes seguidores de la serie. Si no no puede explicarse la falta de puesta en antecedentes en el guión para aquellos que no conocen a los personajes, o incluso habiendo visto las tres últimas no llegaron a enterarse del todo.

Así, tanto tijeretazo en las últimas películas respecto a los libros originales se cobran ahora sus víctimas: la primera escena de acción propiamente dicha la protagonizan unos personajes que sonarán a chino a los espectadores, como LaFleur, Bill Wesley o Tonks, que aparecía de forma secundaria en ‘La Orden del Fénix’.

Y a partir de esa primera escena, muy prometedora y en la que se vuelca gran parte de todo el CGI del film, la acción se viene abajo, y no es culpa del guión, director o ayudante de producción. Es culpa de J.K Rowling, que concibió el último libro de Potter de una manera muy sencilla para alargarse durante 700 páginas: comienzo trepidante, 300 páginas rellenas de NADA, y un final escasamente satisfactorio.

‘Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte’ se centra en esas 300 páginas de NADA, no ocurre nada, aparte de allanarse el camino para el capítulo final y dos o tres destellos entretenidos, como la incursión de los jóvenes magos en instalaciones gubernamentales que resulta ser lo más gracioso de 2 horas y media de film.

La trama sólo parece girar en las broncas entre los tres amigos y de adrenalina poca. Con tanto plano para Ratcliffe y Watson podemos ver varias veces el torso desnudo del primero y cómo ha crecido la segunda, algo que ha levantado suspiros en la platea.

Ojo, la tensión propia de saber que te estás acercando al final y se están resolviendo los enigmas que han rodeado a Potter desde el 2001 convierte a la película más entretenida de la saga desde ‘La Orden del Fenix’…, es decir, que ‘El Principe Mestizo’ fue pasable sin más. Es un honor dudoso, lejos de las expectativas creadas, pero es que yo también soy zoquete. Si me aburrió como a un pie la primera mitad del libro no sé qué esperaba de la película.

Los departamentos artísticos pueden respirar aliviados. El CGI es espectacular, el nuevo Dobbie digitalizado goza de una apariencia de realidad impresionante, y la fotografía es de lo mejorcito de toda la saga, por no decir que les da una patada a las anteriores. Esa perfección en Dobbie ATENCION SPOILER hace que la escena final del film se convierta en más emotivo de lo que podría esperar. FIN DE SPOILER.

Resultado al encender las luces: tímidos aplausos y mucha cara de circunstancia al estilo ‘¿me dejan así?‘. Cuántas veces nos han dicho eso en otro contexto… .

No puedo decir que ‘Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte’ es la película de las Navidades tal como ‘Avatar’ dio la impresión hace un año.

Es muy esperada, muy promocionada y será un taquillazo, pero este Potter no es todo lo antológico que debía ser en su cuasi-despedida y si han intentado emular el espíritu de ‘Las Dos Torres’ como paso previo a ‘El Retorno del Rey’, no lo han conseguido. Con Potter sólo te quedas pidiendo más…, porque básicamente no te han dado nada.

Lo que está claro es que en Junio estaré ahí como un clavo. Si entonces me fallan: adiós Potter, adiós para siempre.

viernes, 18 de junio de 2010

‘Toy Story 3′ critica: aquí está la película 10 del verano


A uno se le queda la cara de tonto (en el buen sentido) cuando sabe que va a poder ver una película en el propio Estudio que la ha creado.

El aire que se respira dentro de la Pixar es diferente, lleno de euforia a dos meses del estreno de su última película y con gente que va de un lado por otro en un recinto que parece sacado de otra dimensión paralela, aquella donde trabajar es como ir a un parque de atracciones de forma diaria.

Para ‘Toy Story’, y tras la inversión de la Disney en una casi desahuciada Pixar, se planteó una historia diferente, a petición de la Disney, donde Woody era un chulo arrogante y Buzz algo tonto. El tono no gustaba a la Pixar y tras jugársela a lo bestia, el film acabó como lo conocemos en los cines…, y el pelotazo fue mundial.

‘Toy Story 2′ iba a ser una secuela directa al DVD, pero la trama ideada gustaba demasiado a la Disney y provocaron la producción como continuación en los cines. A 8 ó 9 meses de su estreno, el resultado era tan desastroso que hubo que llamar a John Lasseter, de vacaciones en ese momento, para que regresara al Estudio y salvara el barco. Consecuencia: otra maravilla.

Cuando la Disney y Pixar partieron caminos hace unos años y la reconciliación era inviable, el Estudio del ratón se guardó su venganza: hacer secuelas de ‘Toy Story’ por su cuenta (tenía los derechos) y ‘Toy Story 3′ era inminente. La trama giraba sobre Buzz y el anuncio de su compañía juguetera que la partida a la que pertenecía era defectuosa y debía ser devuelto a Taiwan. Cuando ambas majores arreglaron sus diferencias se acabó el proyecto y comenzaba el planteamiento puro y duro a manos de sus creadores de la verdadera secuela.

El guión de Michael Arndt (’Pequeña Miss Sunshine’) llegó tras todo un fin de semana de reuniones en una cabaña de California entre Lasseter, Stanton, Unkrich y otros más, donde nació el primer ‘Toy Story’ y donde salió la historia de ‘Toy Story 3′, con un borrador de Stanton y que Arndt ha terminado de plasmar en la pantalla.

El resultado es asombroso, y ‘Toy Story 3′ es otra genialidad de la Pixar, con una trama perfectamente hilada, heredera de sus antecesoras donde brilla el entretenimiento por un lado y la ternura de saber que todos los personajes presienten que es el capitulo final por otro.

Sencillamente uno de las mejores arranques de la historia del cine, y no exagero.

Andy es mayor y se va a la Universidad. El problema surge cuando éste decide llevarse a Woody con él y su madre le dice que los juguetes que no quiera iran en bolsas de basura al contenedor y el resto al altillo de la casa.

Cuando Andy mete al elenco principal en una de esas bolsas estalla la histeria aunque no ven, como lo hace Woody, que Andy abre la escalera del altillo para subirlos arriba…hasta que su hermana lo distrae y la madre confunde juguetes con basura… .

Ese el el punto de partida para una historia que se desarrollará cuando los juguetes provocan el acabar en una guardería que es manejada por el Oso Lots-o y que en apariencia es un paraiso, donde Woody es desterrado para que vuelva con Andy y que a medio camino el paraíso se convierte en una pesadilla.

Si hay que buscar referentes en la trama de ‘Toy Story 3′ podemos irnos directamente a ‘La Gran Evasión’, y el plan perpetrado por los juguetes para escapar de su encierro es lo mejor que podremos ver todo este verano.

El guión, de auténtico Oscar, posee la conjunción perfecta entre la hilaridad absoluta (los chistes y guiños son constantes) y el paso a un más allá, en el que los personajes salen al exterior y se abren infinitas posibilidades que son aprevechadas de forma sobresaliente por el film.

A ello hay que sumarle de nuevo la facilidad con la que la Pixar mezcla la más absoluta carcajada (la irrupción de los más pequeños en la guardería es desternillante) y el drama convencional (la historia de Lots-o o Big Baby), mientras que sin dejar respiro se desarrollan de forma definitiva las personalidades marcadas de los personajes que conocemos desde 1995 y se suceden una sorpresa detrás de otra que mantienen al espectador clavado en la silla.

Atención al ‘Mono’ y al teléfono parlante, dos de los grandes aciertos de esta nueva historia y cuyas escenas serán memorables y recordadas a lo largo de los próximos años.

Así, la Pixar vuelve a acertar con las nuevas incorporaciones al universo de la saga (Ken en una presentación inmejorable, Lots-o y Big Baby) y aunque parezca mentira, sigue explorando en el interior de los que ya forman parte de nuestra vida e incluso les da un giro de 180 grados, teniendo a Buzz como estrella principal.

Los juguetes se enfrentan esta vez al decisivo paso de ser trastos guardados de por vida o seguir sirviendo al disfrute de otros niños que no sean al venerado Andy. Eso produce varias escenas realmente acongojantes y alguna lagrimilla se me escapó al ver que nada iba a ser como antes.

Si ‘Up’ tocaba la fibra más sensible del espectador a la par que mantenía un ritmo non-stop, la Pixar mejora la apuesta en un escalón más (creíamos que era imposible), y firma la mejor película de toda su trayectoria, lo que es doble mérito por ser una secuela (por tradición no son mejores que su original) y por ofrecernos algo completamente nuevo, vibrante, brillante e impecable cuando pensábamos que la historia de los juguetes daba para poco más.

Para rematar, los últimos 15 minutos del film serán lo que más recordaran de toda la trilogía para el resto de sus vidas. Puro arte visual y emoción en movimiento. de lo que

Ésta es la película que esperábamos y que vale de forma plena los euros que nos dejemos en taquilla. Los más pequeños se lo pasarán en grande y los mayores encontraremos más de un doble sentido en el guión que nos parecerá imposible que estemos ante un film infantil que da el broche final (¿o no?) a un idilio que manteníamos desde hacía 15 años.

Todo esto sin que la haya visto en 3D.

viernes, 14 de mayo de 2010

‘Robin Hood’, crítica: espectacular, épica y emocionante película de aventuras


¿Quién era realmente Robin Hood?. A esa pregunta han intentado, en vano, dar respuesta diversos historiadores.
Varios personajes podrían haber servido de inspiración a la leyenda de Robin Hood, pero aún ninguno se ha atrevido señalar, con total certeza, un nombre en concreto, y mucho menos ponerse de acuerdo entre ellos para diferenciar cuánto hay de real y cuánto de ficticio en su historia; o incluso si realmente llegó a existir.
La leyenda de Robin Hood se originó en el siglo XIII a través de las baladas de los trovadores. No fue hasta el siglo XVI cuando su historia fue impresa por primera vez, para posteriormente ser representada en plazas públicas durante los siglos XVII y XVIII.
De boca en boca y de mano en mano, el mito del valiente y justo arquero fue creciendo y llegando a todas partes, y de él se nutrió la literatura del siglo XIX con autores como Alejandro Dumas.
También el cine ha querido, en numerosas ocasiones, ofrecer su particular respuesta a tan enigmática pregunta, pero siempre inspirándose más en la vertiente legendaria de dicha fábula. Así es como en 1922 se produciría la primera película del honesto bandido de Sherwood titulada ‘Robin de los bosques’.
Ya en el cine sonoro, llegaría en 1938 la segunda versión -bajo el mismo título- de la mano de los directores Michael Curtiz y William Keighley, y protagoni zada por un carismático Errol Flynn. Esta versión, una de las más afortunadas, se convertiría, por derecho propio, en todo un clásico del cine de aventuras. Y si bien hoy día ha quedado bastante desfasada a nivel de vestuario, lo cierto es que sigue siendo, para un servidor, de lo más disfrutable.
Posteriormente llegarían más películas, pero ninguna que estuviera a la altura de aquella. Lo intentaron Henry Levin y George Sherman en ‘El hijo de Robin de los bosques’ (1946), Howard Bretherton con ‘El rey de los bosques’ (1948) o Kenn Annakin con ‘Los arqueros del rey’ (1952)
Walt Disney Pictures estrenaría su versión animada en 1973 con el escueto título de ‘Robin Hood’, y tres años más tarde llegaría una original -y crepuscular- propuesta inglesa a cargo del estadounidense Richard Lester, con unos Robin y Marian ya maduritos encarnados por Sean Connery y Audrey Hepburn, en la que sería una de las versiones más curiosas y románticas que se han hecho hasta el momento.
Ingleses, italianos (’Robin Hood y los piratas’, de Giorgio Simonelli) e incluso españoles (’Robin Hood, el arquero invencible’, de J.L. Merino) se atrevieron con el mito de Robin Hood, pero no sería hasta principios de los 90 cuando nuevamente los americanos realizarían una de sus más populares y exitosas versiones.
Con un gran despliegue de medios y un reparto de altura encabezado por un Kevin Costner en su mejor momento (un año antes había conseguido el Oscar a Mejor película y Mejor Director por ‘Bailando con lobos’) se rodaría ‘Robin Hood, príncipe de los ladrones’, una vistosa, comercial y sumamente entretenida superproducción propia de la década que ensombreció en taquilla y en elogios a la inglesa ‘Robin Hood, el magnífico’, producción cercana al telefilme que se estrenó también ese mismo año.
Un tiempo después, en 1993, Robin Hood sería objeto de parodia por el especialista Mel Brooks en ‘Las locas, locas aventuras de Robin Hood’, irregular comedia que supuso la última aparición del mítico personaje en la gran pantalla. Aunque cabe mencionar también que ha tenido su pequeño hueco en series de televisión, como en la ochentera y poco conocida ‘Robin de Sherwood’ (1984) o la más reciente ‘Robin Hood’ (2006), espantosa versión juvenil producida por la BBC.
Decididos a explorar o, mejor dicho, explotar una y otra vez las mismas historias, cuentos, leyendas y personajes de siempre (El Rey Arturo, Los Tres Mosqueteros, Sherlock Holmes…), Hollywood no ha podido resistirse a realizar, una vez más, una nueva versión acorde con los tiempos que corren. Esto significa hacer una producción más realista y cruda, que se aleje de la leyenda y se acerque, lo máximo posible, a la figura real de aquél famoso ladrón que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.
Inglaterra, siglo XIII. Robin Longstride (Russel Crowe) es un magnífico arquero que lucha al servicio del rey Ricardo Corazón de León contra las tropas francesas. Años y años apartado de su hogar por la guerra, Robin decide regresar a casa cuando Ricardo muere en el asedio a un castillo francés.
A su regreso a Nottingham, Robin entrega la corona del rey a su hermano Juan (Oscar Isaac), sucesor en el trono. Éste se convierte ipso facto en el nuevo gobernante de Inglaterra, y empieza a dirigir el país con mano férrea.
En un intento ruín de enriquecerse a costa de un debilitado, empobrecido e indefenso pueblo, Juan decide cobrar a la fuerza unos impuestos que le permitan reinar con todos los lujos posibles a su alcance. Para llevar a cabo tales y exorbitantes impuestos, pone al cargo a su amigo Godfrey (Mark Strong), quien saquea a los habitantes de Inglattera con el uso de la fuerza.
Estos actos ponen al pueblo en contra del nuevo Rey, lo que debilita su posición ante el enemigo francés. Como ya estaba planeado, esta situación beneficiará a Godfrey, quién aprovechará para traicionar a Juan y ayudar a los franceses a conquistar tierras inglesas.
Dispuesto a defender su patria y a lady Marion (Cate Blanchett), la mujer de la que se ha enamorado, Robin tomará partido en el asunto, y juntará a un valiente y leal grupo de guerreros para intentar unir al pueblo y hacer frente a los invasores.
Lo que en un momento empezó llamándose ‘Nottingham’, con Russel Crowe como el Sheriff de Nottingham y Christian Bale en el papel de Robin Hood, pasó luego a considerarse como una dupla del propio Crowe para ambos papeles. Finalmente, la cosa quedó en Crowe como el famoso arquero y Matthew Macfayden (’Death at a Funeral’, ‘Frost/Nixon’) el malvado Sheriff. En este punto, cambió también el título, y pasó a llamarse simplemente ‘Robin Hood’.
La idea que se tenía en mente era la de contar una historia diferente de las que hubiésemos visto hasta el momento. Conocer al personaje desde sus orígenes, antes de convertirse en la leyenda que todos conocemos.
Para ello se contrató a los guionistas Ethan Reiff y Cyrus Voris, responsables de ‘Kung Fu Panda’, que vieron cómo su guión no convencía -a Crowe, a quien menos- y sufría la reescritura de Brian Helgeland, autor de ‘L.A. Confidential’, ‘Mystic River’ o ‘El fuego de la venganza’.
El supuesto trío amoroso entre Robin, Marion y el sheriff desapareció, y se decidió enfocar la historia por otros derroteros no tan románticos.
Más interesados en los acontecimientos políticos e históricos de la época, se decidió ubicar a Robin dentro del grupo de arqueros del ejército del rey Ricardo I de Inglaterra en un momento en que el país se encontraba en plena bancarrota debido a la guerra contra Francia. Este conflicto dejó al pueblo sumido en la miseria, ya que el dinero y los hombres con suficiente edad para empuñar un arma fueron destinados al combate.
Este es el contexto de esta película, y la historia de Robin Hood se desarrollará entre la muerte del rey Ricardo y la elaboración de la Carta Magna.
El primer tramo de la película nos muestra la feroz contienda que llevan a cabo ingleses contra franceses. Ahí vemos por primera vez a Robin Longstride, un arquero de entre tantos que lucha a cambio de una buena paga con la que mantenerse. La muerte del rey supone un punto de inflexión que, debido a otra circunstancia, impulsará a Robin y a sus compañeros a abandonar la lucha y regresar a sus hogares.
En cumplimiento de una promesa hecha a un noble caballero, Robin se dirigirá a Nottingham, y ahí es donde conocerá a Lady Marion.
El resto es un revoltijo de traiciones, injusticias, venganzas, linchamientos, coqueteos y canciones.
Algunas voces se quejaban del exceso de diálogo y la falta de acción de la película. Lo cierto es que eso no supone un problema si esos diálogos merecen la pena y la trama y los personajes son lo suficientemente atractivos como para sostener el film sin necesidad de mucha pirotecnia. Y así ocurre aquí.
Las batallas y diversos combates más potentes y espectaculares se concentran básicamente al inicio y al final de la película, siendo la parte intermedia la destinada a desarrollar la historia en sí y a sus personajes.
Respecto a lo primero, Scott vuelve a demostrar su enorme destreza tras la cámara para las escenas de lucha, como ya hizo en la exitosa y oscarizada ‘Gladiator’ o en la fallida ‘El Reino de los cielos’ (el director’s cut mejora considerablemente el pestiño exhibido en cines, pero no lo suficiente como para considerarla realmente buena).
Los enfrentamientos son espectaculares y enérgicos, y la mayoría rodados con cinco o doce cámara a la vez, lo que permite un mayor campo de visión y enfoque del escenario y sus combatientes; lo que luego permite seleccionar y componer las secuencias de la forma más dinámica e intensa posible, dejando muchas veces lugar a la espontaneidad de los propios actores, especialistas y extras.
El transcurso de la historia es de lo más llevadero, con lo que dudo que el espectador pueda llegar a aburrirse en ningún momento, pese a contar con un metraje de casi dos horas y media.
Los personajes están bien perfilados, tanto en lo que respecta a sus virtudes como a sus debilidades. Identificamos fácilmente la posición que ocupa cada uno de ellos en la historia y su propósito en ella.
En ese sentido, los personajes claves son Robin Hood, Lady Marion, Godfrey y el Rey Juan, apoyados éstos por diversos secundarios que les complementan a la perfección, aunque algunos de ellos queden en un plano demasiado secundario (el consejero interpretado por William Hurt o los compañeros de Robin).
Hay que destacar que la película hace gala, de vez en cuando, de un adecuado y picarón humor, que ayuda a hacer un poco más ligera la trama. Los Merry Men, es decir, los compañeros de Robin, aportan su toque cómico en varios momentos, al igual que el simpático fraile -y apicultor- interpretado por Mark Addy (’Full Monty’), que conserva las características que siempre ha mostrado en las distintas versiones realizadas (su propensión a la bebida, que no falte).
También la relación amorosa que se establece entre Robin y Marion es amena. Lo que empieza como una unión de conveniencia y a disgusto sobre todo para ella, va poco a poco convirtiéndose en una relación de respeto y luego afecto.
Los piques iniciales son divertidos, y en conjunto, su historia no resulta empalagosa ni demasiado forzada, y se beneficia bastante de la compenetración entre ambos intérpretes.
También es de agradecer -a mi gusto- que no hayan emparejado a Crowe con una jovencita tal como se pretendía al principio (Sienna Miller era la candidata rumoreada), sino con una mujer sólo cinco años menor que él.
No tanto por alejarse de la constante habitual de emparejar puretillas con jovencitas, ya que cansa un poquito, sino por la credibilidad que necesita el tipo de personaje que es Marion, una mujer que durante los 10 años de ausencia de su marido, habiéndose casado siendo jovencita, ha tenido que cuidar con autoridad de sus tierras, y eso la ha hecho valerse por sí misma sin necesidad de tener un hombre a lado, manteniendo así un orgullo, una dignidad y una tenacidad inquebrantables. Y ese papel lo lleva adelante Cate Blanchett con asombrosa naturalidad.
Por su parte, Russel Crowe poco tiene que demostrar a estas alturas, por mucho que algunos no le soporten. No es precisamente el tipo más simpático del mundo, pero eso no debe utilizarse para medir -y despreciar- su calidad interpretativa, la cual ha quedado demostrada en numerosas ocasiones, haciendo gala además de una notable versatilidad (muy recomendable su intervención en ‘El Dilema’, de Michael Mann).
Evidentemente, el papel de héroe lo afronta siempre con garantías. Y como ya ocurría en ‘Gladiator’, el guión le permite lucirse bastante en ese aspecto.
No faltan las peleas cuerpo a cuerpo, las risas y colegeo entre compañeros, los arrumacos con Marion o los discursos estimulantes a la muchedumbre. Y si ya las lecciones de jinete las traía aprendidas, aquí el actor ha aprendido a usar el arco como si hubiera nacido con uno bajo el brazo.
Del resto del elenco tampoco se pueden sacar pegas. Desde el despreciable Godfrey, interpretado por Mark Strong, cuyo rol de villano domina a la perfección, hasta el eficiente Oscar Isaac como el déspota Rey Juan, pasando por veteranos de la talla de William Hurt, cuya sobria interpretación casa adecuadamente con su personaje.
Kevin Durand -muy activo últimamente- con sus dos metros de altura interpreta a un imponente y atlético Little John, al que casi siempre hemos visto como un tipo oriundo y fortachón. Scott Grimes, visto en series como ‘Urgencias’ o la sobresaliente ‘Hermanos de Sangre’ (dato curioso: también era el niño de 14 años que hacía frente a los Critters en las dos primeras entregas de la saga), interpreta alegremente a Will Scarlet; y el debutante Alan Doyle, cantautor en la vida real, es el trovador que ameniza algunos pasajes de la cinta.
Danny Huston y Matthew Macfadyen tienen una aparición bastante discreta. El primero porque interpreta al rey Ricardo, que como ya se ha comentado, muere al comienzo; y el segundo porque su personaje, el Sheriff de Nottingham, no es vital para la trama que aquí nos cuentan.
A destacar también a Eileen Atkins como la solemne Leanor de Aquitania, y al siempre impecable Max Von Sydow, que a sus 81 años sigue dando el callo y ofreciendo lo mejor de sí mismo.
Técnicamente, la película es excelente, como ya era de esperar tratándose de una superproducción.
Grandes decorados construidos para la ocasión y acabados digitales convincentes para algunas tomas panorámicas que requieren de mayores escenarios y/o de mayor cantidad de elementos de relleno (ya sean barcos, edificios o personas). Además de un apropiado vestuario de Janty Jates, que ya ganó un Oscar por su magnífico trabajo en ‘Gladiator’ y que colabora por quinta vez con el director.
Las imágenes vienen acompañadas de una potente y épica banda sonora a cargo de Marc Streitenfeld, compositor que ya ha trabajado con Scott componiendo el score de ‘Red de mentiras’, ‘American Gangster’ y ‘Un buen año’, además de supervisar el apartado musical de ‘El reino de los cielos’.
Con todo ello, ‘Robin Hood’ es una espectacular, épica y emocionante película de aventuras. Una suerte de precuela que termina ahí donde todas las demás empiezan; cuando la leyenda de Robin Hood no hace más que comenzar.
Una visión distinta de este emblemático héroe y un espectáculo francamente recomendable.

jueves, 18 de marzo de 2010

‘The Karate Kid’, primeras críticas: no es una mala película, pero no aporta nada nuevo


La ShoWest 2010 está dando adelantos potentes sobre las próximas producciones USA, y la de ayer correspondió a ‘The Karate Kid’, ese remake del original ochentero de John G. Avildsen, y por el que me tiré de los pelos cuando supe que lo iban a revisionar.
Esta nueva versión, con Jaden Smith de protagonista, y Jackie Chan de maestro de Kung Fu (ya nos hemos olvidado que no es ‘The Kung Fu Kid’), me ha ido atrapando a base de trailers, y la verdad es que estaba ansioso por comprobar si es cierto lo que prometen, que es mucho.
Las primeras críticas ‘de precalentamiento’ ya salen del ‘test-screening’ de la SW2010, y son tibias: no es mala película, pero no aporta nada nuevo. Eso sí, si no has visto la original del 84, te gustará bastante.
Ahí va un resumen de las valoraciones:

/Film: Hay partes que funcionan y otras que no.
Lo que no funciona: la joven enamorada de Asia no es interesante, y hay poca química entre ella y Jaden. Así que uno no puede creerse la historia de amor, con lo que no involucra en la trama. El original de Elisabeth era la niña que todo el mundo quería, era dulce, no demasiado inalcanzable, una chica que iluminaba la habitación. (…) Los malos son aburridos (…) les falta el carácter que le imprimió Johnny en la original y sus compinches. Incluso su maestro de Kung Fu es muy bidimensional (…) la película espera que es odiamos porque le pegaron al personaje de Jaden por algo aparentemente sin razón. Jackie Chan es un mal actor. Pat Morita fue nominado a mejor actor al Oscar por su actuación en la primera película. Chan intenta interpretar al maestro como un ser tranquilo y pensativo, pero sólo parece que se está concentrando demasiado fuerte. Y en cuanto a la recreación de la escena de la borrachera de Morita en la película original, es evidente que Chan no es capaz de mostrar tanta emoción. (…) Le sobran 10 ó 15 minutos, parece demasiado larga, habrá que ver el corte final. (…) Es muy similar a la original: (…) la historia en su mayor parte sigue siendo la misma, pero a peor.

Lo que funciona: Tiene una fotografía alucinante. Las coreografías son muy depuradas y la representación de China es impresionante. (…) La relación entre Dre, su madre y el Sr. Han es el núcleo de esta película, y funciona en la mayoría de las escenas. (…) Jaden es en realidad un gran actor: (…) su actuación en esta película romperá el escepticismo sobre su carrera (…). Incluso le roba protagonismo a Chan en su escena de borrachera y es el culpable de que funcione sea secuencia.
En resumen, se disfruta la película en su mayor parte, pero deja una sensación algo confusa, y de decepción.
Cinemablend: (…) demasiado larga para ser un remake de ‘The Karate Kid’. Espero un buen corte antes de su lanzamiento 11 de junio, y que pongan más atención en las escenas de lucha y la relación entre Jaden Smith y Jackie Chan. Nada en el nuevo Karate Kid, presenta un argumento convincente para dejar atrás el original, pero le falta algo para convertirlo en ese éxito que desean las personas que aman la película original y que quieren llevar a sus hijos a verla.
ComingSoon: Tiene toda la calidez y el humor de la película original, pero también tiene un toque que la hace más actual. (…) Jaden Smith tiene todo el encanto y la personalidad de su padre, ya sea haciendo bromas o tomando parte en los momentos emocionales de la película dramática. (…) hay muchos momentos tan llenos de lágrimas como ‘Toy Story 3′, y la química entre él y Jackie Chan se encuentra a la par con la de Ralph Macchio y Pat Morita en el filme original. Taraji P. Henson es fantástica como la madre de Jaden, y hay una gran cantidad de sólidas interpretaciones de los actores asiáticos, entre ellos la actriz que interpreta el interés amoroso de Jaden, una niña china realmente adorable. Lleva algún tiempo para llegar a la acción, pero el Kung Fu está muy bien coreografiado (…) una experiencia muy agradable y entretenida para ver lo que han hecho con el 80 clásico. Ciertamente, han conseguido un nuevo filme para el público actual en la misma sintonía que la original.

En fin, habrá que leer nuevas críticas para testar la impresión definitiva.

jueves, 11 de febrero de 2010

El Hombre Lobo (2010) Critica Mañana Estrena



A diferencia de otras criaturas de la noche, como los vampiros cuya presencia es cada día más habitual en películas o series de televisión, la figura del hombre lobo no ha gozado de mucha popularidad/repercusión desde hace bastante tiempo (productos de videoclub aparte).
Y ya no hablemos de encontrar películas que le hagan justicia, pues eso resulta mucho más difícil todavía. De hecho, hay que remontarse hasta los ochenta para encontrar algunas que dejen en buen lugar al mito licántropo.
‘Un hombre lobo americano en Londres’, ‘Aullidos’ o ‘En compañía de lobos’, entre otras, se han convertido en clásicos de culto casi por unanimidad, mientras que en años posteriores los intentos de recuperar al monstruo han sido frustrados.


Alguna que otra saga, como ‘Ginger Snaps’, se ha ganado el favor de algunos aficionados (entre los que NO me incluyo); otras como ‘Underworld’ provocan disparidad de opiniones (más en contra que a favor). Así que puestos a destacar algún título reciente, me quedaría con ‘Dog Soldiers’ (simpática serie B con la que debutó Neil Marshall).


Contar con un gran reparto no asegura nada, como bien quedó demostrado en la fallida ‘Lobo’. Así que dado el escaso interés por parte del público y de las majors, el mercado ha terminado llenándose de subproductos como ‘La marca del lobo’, ‘La maldición (Cursed)’ o ‘Skinwalkers’, que han deteriorado en demasía la imagen del personaje.


Es por eso que el remake de un clásico de la universal, ‘El Hombre Lobo’ de George Waggner, parecía una buena oportunidad para revitalizar la leyenda de este fantástica criatura.
A fin de cuentas, el film original era bastante flojito (ni punto de comparación con las dos de Frankenstein, por ejemplo) y tampoco ha soportado muy bien el paso del tiempo (entrañable, si se mira con ojos nostálgicos). Por tanto, y pese lo cansino que resulte ver tanto remake en las carteleras, lo cierto es que esta vez estaba bastante justificado.


Desgraciadamente, desde que empezó la producción de ‘El Hombre Lobo’ los problemas fueron continuos.
Primero fue la espantada de Mark Romanek, director inicialmente previsto para encargarse del rodaje; luego vinieron los cambios en los andares del monstruo, la reedición de escenas y finalmente la destitución de Danny Elfman como compositor.


Tanto cambio no ha hecho otra cosa que provocar la desconfianza. Desconfianza que, para qué negarlo, se han encargado de apaciguar unos trailers bastante alentadores. Aunque ya se sabe que hoy día éstos tampoco son mucho de fiar.


La historia empieza con Lawrence Talbot quien, tras años de ausencia, regresa a su tierra natal por petición personal de Gwen Conliffe, la prometida de su misteriosamente desaparecido hermano. A su llegada, Lawrence es informado que éste ha sido brutalmente asesinado, por lo que decide ir a la caza del culpable.
A juzgar por el desagradable aspecto del cadáver y de los rumores que apuntan a que una bestia sobrenatural está matando a muchos campesinos, Lawrence empieza a buscar información entre la población gitana, bastante creyentes en estos temas.
Durante su investigación, el poblado es atacado por la supuesta bestia, que no es otra cosa que un hombre lobo. Lawrence se enfrenta a él pero termina con un enorme mordisco en el cuello que casi acaba con su vida. Por suerte, pronto se recupera de sus heridas, aunque no tardará en descubrir que el mordisco le cambiará para siempre… .Y es que parece existir una antigua maldición que convierte a las víctimas en hombres lobo las noches de luna llena.
Lawrence pasará de cazador a presa en muy poco tiempo, y mientras huye de sus perseguidores e intenta proteger a la mujer de la que se ha enamorado, deberá rendir cuentas con la criatura que mató a su hermano y que le ha condenado de por vida.


Aunque ya se había anunciado que esta nueva versión vendría clasificada con una ‘R’ por su extrema violencia, lo cierto es que no he podido evitar sorprenderme ante el festín gore que nos ofrece este ‘nuevo’ hombre lobo.
Teniendo en cuenta lo restrictivos que son en algunos países con las calificaciones (especialmente en EE.UU.), y la cada vez más molesta obsesión de los estudios por autocensurarse y conseguir películas PG13 que permitan acumular más dinero en taquilla, resulta extraño e incluso arriesgado que una producción de este calibre (supuestamente habrá costado 85 millones de dólares, tirando a lo bajo) opte por ser tan explícita.
Personalmente lo agradezco, ya que una película de hombres lobo sin un poquito de sangre es como una de McClane sin tiros ni explosiones (o sin walkie talkie).
Obviamente, si la violencia no está justificada, de nada nos sirve. Pero creo que en este caso es muy bienvenida, aunque hay que admitir que en algunos momentos se desfasa un poco y puede llega a ser muy bruta.


Y es que este hombre lobo no se anda con tonterías y despedaza todo cuanto se le pone por delante. Podemos decir que es el licántropo más bestia y sanguinario que se ha visto en pantalla en muchos años. Así que esperemos que alguien en Hollywood tome note y nos muestre también así a los vampiros, que algunos ya empezamos a hartarnos de tanto vampiro cursi.
Gore aparte, lo cierto es que la película tiene sabor a clásico, pero a clásico un tanto descafeinado. Pero vayamos por partes… .


Como ya pudimos observar en los trailers, la ambientación es impecable; de ciertas reminiscencias góticas, deudoras tanto de los clásicos de la Universal como de la Hammer.
Cuenta además con un muy buen trabajo de fotografía de Shelly Johnson, que ya había colaborado con el director en la tercera entrega de Jurassic Park o más recientemente en -la infravalorada- ‘Océanos de fuego’. Las localizaciones son exquisitas (el caserón de los Talbot, sin ir más lejos), tanto si hablamos de entornos naturales, decorados (la tienda de Gwen) o incluso de las secuencias recreadas por ordenador (la del puente de Londres)
Y aunque ya sabíamos de antemano que el aspecto del hombre lobo iba a conservar el look clásico de los años 40, viendo la película nos cercioramos del magnífico trabajo -no podía ser de otra forma- del maestro Rick Baker para darle ese aspecto feroz pero a la vez humano, acercándose más al hombre-lobo que se supone que es, que al lobo bípedo y gigantón que nos han mostrado otras tantas películas.


Como ya saben, se reeditaron algunas escenas para mostrarnos a la criatura desplazarse a cuatro patas. Considero que es un acierto, ya que se usa básicamente para las secuencias en las que ésta necesita correr a gran velocidad, bien sea para huir o para perseguir a sus presas.
También opta por éste desplazamiento cuando se lanza al ataque, tal como se nos muestra


ATENCIÓN SPOILER en el duelo final entre los dos hombres-lobo de la película (esto en realidad no es un spoiler, aunque por supuesto no desvelaré la identidad de uno de ellos; si bien tampoco es muy difícil imaginarse quién puede ser) FIN DE SPOILER.


El proceso de transformación de Lawrence en hombre-lobo está bastante logrado, y recuerda en cierto modo al de la ya citada película de John Landis. Tanto en ese aspecto como en otros detalles que han requerido el uso del ordenador, considero que el resultado es muy competente. Quizás la huida de Lawrence por los tejados de Londres cante un poco más, pero en general los efectos especiales son convincentes y no se abusa de ellos en exceso.


En cuanto a la banda sonora de Danny Elfman, comentar que en algunos tramos recuerda un poco -e intencionadamente, lo más seguro- a la que Wojciech Kilar compuso para ‘Drácula de Bram Stoker’ de Francis Ford Coppola.
Lo cierto es que he podido escuchar uno de los temas que realizó Paul Haslinger, el compositor sustituto, y doy gracias a que el estudio rectificara a tiempo.


Como buen artesano que es (aunque no siempre cuente con un buen guión para poder demostrarlo), Johnston domina con destreza las escenas de acción y sabe mostrar al monstruo en su justa medida. Y es que aunque ya conozcamos de sobra su aspecto, es de agradecer que el director mantenga el misterio hasta bien entrada la trama.
Los ataques iniciales muestran la brutalidad del ser pero no desvelan su aspecto; poco a poco, entre niebla y sombras, se nos va mostrando el rostro de la fiera y su corpulento físico, además de sus imprescindibles y mortíferas garras. Ahí es donde cabe destacar uno logrados planos por parte de Johnston, tanto en los ataques como en las distintas persecuciones/huídas.
Ahora bien, ¿es esto suficiente para dotar al film de la grandeza que requiere dicho personaje?. Pues no, no es suficiente, y hace falta también un buen desarrollo de personajes, algo de lo que peca bastante este guión.


Por otro lado, la trama es muy esquemática: de A a B, y de B a C, con muy pocas sorpresas por medio (y las que hay son del todo previsibles, o al menos a mí me lo parecieron).
Lo más interesante es cómo se trata la maldición de Lawrence desde un punto de vista científico, como una enfermedad psicológica que los loqueros intentan sanar con métodos más propios de la tortura que de la medicina (y no andan muy desencaminados con las verdaderas prácticas de los manicomios de antaño).


Esta parte está conseguida, pero las relaciones entre los personajes son un tanto superficiales. El flechazo a primera vista entre Lawrence y Gwen se podría haber desarrollado un poco más, así como la relación padre e hijo entre los Talbot.
Un mayor protagonismo del personaje interpretado por Hugo Weaving tampoco hubiera estado de más; o por lo menos, que su presencia hubiese sido más significativa.
Quizás sea por eso que la labor del reparto queda un tanto deslucida. Todos están muy correctos en sus respectivos roles, pero los personajes podrían haber estado algo más trabajados (la justificación de ciertas acciones pende de un hilo).


En conclusión, ‘El Hombre Lobo’ no es un peliculón pero tampoco un bodrio. Tantos problemas como ha tenido podían haberle pasado peor factura, pero se deja ver con agrado, sobre todo si, como a mí, te gustan este tipo de películas.
Ahora bien, da la sensación que con semejante reparto y diseño de producción se podía haber hecho algo más grande y no tan simple. No sé si a la altura del magistral film de Coppola (Drácula es mucho Drácula), pero sí mejor. Puede que en parte, esa fuera la intención de sus responsables: realizar un mero entretenimiento.